Las cuatro edades del hombre: el regreso a la normalidad

20090526225228-shiva.jpgVivimos unos tiempos caracterizados porque nadie parece saber cuál es su lugar en la vida… El resultado de esta desorientación se deja apreciar tanto en la existencia individual del hombre moderno, especialmente el occidental, como en el colectivo social. Las consecuencias de este desorden se hacen evidentes con sólo leer los titulares de cualquier periódico o contemplar los noticieros televisivos; y, ni siquiera eso, basta con salir a la calle y observar… Violencia por doquier, descontento, conflictos sin fin…

Acabo de pasar por el centro de mi ciudad y he sido testigo, una vez más, de este desorden generalizado: gentes que salían de los grandes almacenes cargadas de paquetes de los más variados bienes de consumo, mientras que a la entrada varios mendigos y vagabundos, cubiertos de suciedad, pedían limosna; algo más allá, junto a la boca del metro, unas bandas de adolescentes, de colores varios, se pegaban y revolcaban por el sueño. Por allí un grupos de emigrantes africanos, vendedores ambulantes, corrían, con el género a cuestas en grandes bolsones de plástico, perseguidos por unos guardias. Algo más allá, unos “hooligans”, hinchas del equipo de fútbol más conocido de la ciudad, tan sobrados de alcohol en sus arterias como escasos de sesos en sus cabezas, voceaban no sé…qué… Camino unos metros y oigo un grito agudo: veo cómo una anciana cae al suelo, empujada por una de las “vacas sagradas” superprotegidas de nuestro sistema: el delincuente callejero, que acaba de robarle el bolso y huye más rápido que todos los dispositivos de intercepción del crimen, que, por otra parte, nos resultan tan caros como inútiles… Los demás viandantes van cada uno a lo suyo, aparentemente “sin ver”, “sin oír”, “sin sentir”, caminando ensimismados e indiferentes como zombis… Se oscila entre la extroversión tan tonta como hueca y el autismo más cobarde e insolidario. Entro para reponerme un poco en un bar, pido un café y, mientras sorbo el líquido negro y humeante, no puedo evitar escuchar cómo una señora, ya entrada en años, sentada en la mesa vecina, explica a una amiga que está saliendo ahora, tras su tercer fracaso matrimonial, con un joven que podría cronológicamente ser su hijo…, tras lo cual se explaya, ufana y sin inhibiciones de ningún tipo, en la descripción de todo un escabroso repertorio acerca de sus relaciones y juegos sexuales… ¡La antología del disparate! Si Dante hubiera contemplado estos espectáculos podría haber incorporado algunas de estas escenas surrealistas a su inmortal obra…, también El Bosco podría haber encontrado en todo esto una buena fuente de inspiración para sus lienzos.

En lo personal depresiones, estrés, ansiedad, frustraciones, etc. En lo social conflictos, violencia, injusticias, inseguridad… No quiero cargar las tintas en esta descripción puesto que el panorama es sobradamente conocido por todos y se percibe en toda su crudeza, de forma muy especial, en las grandes urbes. Con esta situación, los psiquiatras y psicólogos tienen bien asegurada una clientela abundante para todo su curso profesional.

¿Qué está ocurriendo en nuestras sociedades? Cuando disponemos de una sobreabundancia de bienes de todo tipo, recursos tecnológicos, información, avances científicos, etc., ¿qué ha pasado? ¿Qué nos falta? ¿Qué hemos hecho mal? ¿Por qué, a pesar de todo lo que tenemos, somos tan desdichados y sentimos tanta inseguridad?

En este “post” voy a hacer algunas reflexiones acerca de las posibles causas profundas de lo que está pasando y luego culminaré con una propuesta de solución… ¡muy sencilla!

No sabemos para qué estamos en la vida ni qué tenemos que hacer con nuestras existencias… Parece que todos los esquemas tradicionales se rompieron y sólo nos queda la búsqueda insaciable del placer… Hemos edificado nuestras vidas sobre algo tan inestable y esclavizante como el deseo… El Buda ya proclamó hace más de dos milenios, con claridad meridiana, que el sufrimiento tiene como causa el deseo y su consecuencia inevitable: el apego…; y precisamente todo el desarrollo de nuestras sociedades modernas no se fundamenta en otra cosa más que en la búsqueda incesante del placer y… lo que suponemos nos asegurará la consecución de todas nuestras necesidades y ambiciones: el dinero. Es decir, el camino que nos propone la sociedad actual va justamente en dirección contraria a la indicada por la sabiduría.

Con este “norte”, el transcurso de nuestras existencias está abocado a una sucesión de disparates desde la adolescencia hasta la senectud más avanzada…  La orientación errada comienza, sin lugar a dudas, en la educación, quizás hasta en el seno mismo de las familias, para prolongarse –y agravarse- en la escuela, institutos y demás instancias educativas… Sobre esto se han vertido ríos de tinta y, por tanto, lo voy a obviar para no prolongar en exceso este artículo, y me centraré en algo de lo que no se habla tanto: cómo se entiende hoy en día la vejez, qué modelo de vida se propone a los ancianos.

Si en las sociedades tradicionales la ancianidad era muy respetada se debía a que se les consideraba depositarios de un poso muy valioso de sabiduría. Los ancianos en esas sociedades eran una fuente de consejos y orientaciones, y, por tanto, cumplían una importantísima función social que todos sabían valorar. Por el contrario, en la actualidad, el anciano ha perdido totalmente ese rol tradicional. El anciano actual comienza por no reconocer su ancianidad…, continuamente se le dice –y se dice a sí mismo- “que está muy joven”, “que tiene que disfrutar aun mucho de la vida”, etc..., entendiendo por tal disfrute la imitación de la conducta de los jóvenes y adolescentes, incluso en sus escarceos amorosos… No exagero, he vivido durante varios años en una población turística costera que recibe, especialmente en la temporada invernal, numerosas expediciones de ancianos organizadas por la institución oficial de mi país encargada de gestionar el tiempo libre y las vacaciones de la llamada “tercera edad”… Los espectáculos que pude observar en numerosas ocasiones causaban mi indignación y me producían “vergüenza ajena”… Unos mozalbetes sabelotodo, llamados “monitores de tiempo libre” o denominaciones similares, incitaban a los ancianos de tales grupos a jugar, como si fueran infantes preescolares con globitos y toda clase de actividades pueriles e infantilizantes…, luego les organizaban festivales, bailes… invitándoles “a ligar”, “¡a ligar!”… Según me contaba un amigo que trabajaba en un hotel, las “aventuras”  nocturnas y trasiego entre las habitaciones, citas sexuales, etc., eran constantes. Me decía mi amigo, que era de mediana edad, “no te puedes ni imaginar”, “¡yo no aguantaría esa marcha!”…

Naturalmente, la parca, en tales colectivos, hace sus frecuentes y previsibles visitas…, pues las leyes de la naturaleza siguen funcionando aunque no queramos enterarnos, pero se consideran “accidentes” imprevistos fuera de programa y se saca a los muertos por la puerta trasera… “¿Quién lo iba a decir?”, “¡estaba tan joven!”… Estos y otros necios comentarios semejantes se suelen oír en tales ocasiones.

No tenemos derecho a quejarnos de que este “modelo” de ancianidad solamente cause risa y desprecio a gran parte de los jóvenes… ¡No es para menos! No se puede imaginar nada tan grotesco y poco digno de respeto.

¿Qué hacer ante esto? ¿Podemos hacer algo? ¿Tiene arreglo? Pues… yo creo sinceramente que sí. Desde luego nada hay que esperar de nuestros gobernantes ni de las instancias oficiales. Nuestra sociedad, colectivamente, posiblemente aun se tiene que degradar más; quizás aun no hayamos tocado fondo, antes de que se produzca un vuelco colectivo y un cambio de modelos (hoy llamados, de forma un tanto cursi, “paradigmas”). No obstante sí podemos hacer algo, cada uno de nosotros, en primer lugar, en nosotros mismos y luego, quizás por “contagio”, otros imiten el modelo, habida cuenta de su excelencia y la mejora de vida que produce en todos los aspectos.

No se trata de hallar ese tan cacareado “nuevo paradigma”, porque el “paradigma” o modelo está ya fijado, muy sabiamente, desde hace milenios. Se trata solamente de salir de la monstruosidad actual para volver a la normalidad de la naturaleza. Así de simple. En primer lugar solamente hay que situarse en la perspectiva correcta de la vida, en las coordenadas de la naturaleza. La vida humana que comienza en la concepción y posterior nacimiento, viene, como toda la vida existente, como el propio universo, de lo inmanifestado a lo existente y luego envejece y finalmente muere retornando a lo inmanifestado. Hay pues un camino de “ida” y, después de la máxima plenitud de la manifestación, un retorno, un camino de “vuelta”. La vejez no es más que ese camino de “vuelta”. Lejos de ser un camino de degeneración y fracaso, algo que hay que negar y ocultar imitando el modelo de conducta del adolescente, es un estado muy elevado y tiene un sentido propio muy profundo.

En las sociedades tradicionales esto se conocía perfectamente, es un conocimiento atemporal, y podemos hallar rastros del mismo en todas las culturas clásicas, aunque es en la tradición de la India donde encontramos este camino trazado hasta en sus más mínimos detalles, conocimiento que aún perdura y que podemos estudiar y aplicarnos.

Según esta tradición, la vida humana se dividía en cuatro periodos diferenciados, llamados “asrama”: El “brahmacarin”, primer periodo de la vida, correspondiente a lo que entendemos nosotros como adolescencia y primera juventud de soltería, que se dedicaba al estudio del “Samhita” (primera parte del los Vedas). Después venía el periodo “grhastha” o de cabeza de familia, se trataba de la vida de adulto con responsabilidades familiares, laborales y sociales; debía estudiar durante este periodo especialmente los “brahmana” (segunda parte de los Vedas). A esta edad seguía el periodo de “vanaprastha”, que correspondía a una etapa más madura, donde se iniciaba ya un retiro parcial, a veces a los bosques, estudiando los “aranyaka” y finalmente venía el último periodo de la vida, ya de plena retirada del mundo, que era el “samyasin”, estudiando los “upasnisads” (final de los Vedas).

No pretendo sugerir que debamos aprender todos sánscrito para estudiar los Vedas y demás escrituras de la India, aunque pueda ser, por supuesto, algo excelente. Lo importante, a mi entender, es que entendamos el fondo de lo que nos está indicando esta enseñanza, para adaptarla a nuestra vida, o, mejor dicho, para adaptar nuestra vida a ella. El primer “asrama” corresponde a la etapa juvenil del estudiante, tiempo de formación, pero acompañados del “brahmacharya”, que se puede traducir como castidad – ¡oh horror!, concepto hoy políticamente incorrecto- pero que, desde siempre, se ha considerado en ciertas etapas de la vida como muy aconsejable para formar el carácter y enseñar algo que nos será muy útil a lo largo de toda la existencia: el autocontrol… Pero no quiero abundar en esa materia, que daría para otro o varios artículos más. Sigamos con los otros estados. El segundo corresponde a la vida de adulto con las máximas responsabilidades sociales, laborales y familiares (se verá que este esquema nada rehúye y contempla la vida en su integridad, donde todo tiene su tiempo y lugar). El tercer estado corresponde ya al primer grado del “camino de vuelta”, con una retirada parcial de las actividades sociales, laborales y familiares y un incremento de la atención hacia las cuestiones espirituales. Finalmente el último periodo, de “samyasin”, ya supone una retirada exterior completa de las cuestiones mundanas y una plena entrega a la vida interior. Esta fase final, anterior a la muerte, lejos de suponer un fracaso es la culminación de la vida, su máximo esplendor y realización.

Esta puede ser la vida humana digna de tal nombre y merecedora de ser vivida.

26/05/2009 22:52 Autor: discernimientoes. Enlace permanente.

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Autor: sankaradas

Hola Janaka.

Estoy casi totalmente de acuerdo con tu extenso y magnifico post dices:

>
Realmente es así.

Cuando dices:
>
Totalmente de acuerdo los paradigmas ya están prefijados por las necesidades cósmicas y decididos por el Ser.

>
También reseñable, los hindúes saben repartir su existencia como jivas de una manera más racional que nosotros.

Pero cuando dices:
>
La castidad a mi entender es algo que es exclusivo de la materia y que no me preocupa. De hecho, otra sincronicidad, tengo preparado para mañana un post que habla de esto.

Namastéo

Fecha: 27/05/2009 10:36.


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Autor: Francisco

Hola Janaka. Me parece que es posible dividir tu texto en dos partes: tu diagnóstico de lo que ocurre en nuestras sociedades hoy en día y por otra parte la idea de que sea posible meter la manifestación en distintos bloques de conceptos para que ésta sea de acuerdo a lo que nos gustaría que fuera. Mientras se siga pensando en función de un yo o ente separado no es posible vivir de una forma armónica, y siempre estaremos viendo que algo está mal. Sin embargo, si vamos a nuestra fuente lo que nos diferencia es sólamente algo imaginado. Un abrazo y gracias por el texto.

Fecha: 28/05/2009 00:45.


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Autor: z.

En un libro de R. Balsekar con relación a lo que comentas, dice que la manifestación es como un inmenso cuadro de kilómetros de largo y alto, y no lo podemos abarcar con la mirada, sólo un pequeño fragmento que tenemos ante los ojos. Y añadiría que sólo poseemos un instrumento para hacer valoraciones: la mente.
Un saludo!

Fecha: 28/05/2009 09:44.


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Autor: Janaka

Gracias por vuestros comentarios.
Evidentemente, este artículo anterior está escrito bajo el punto de vista de la dualidad... Desde la no-dualidad, como bien decís, no se pueden hacer distinciones de ninguna clase ya que el Sí mismo último está más allá de todas las cosas y estas, en último término, son ilusorias o simples apariencias…
Una virtud muy interesante de la visión tradicional índica, cuya expresión más sistemática la constituyen los seis Darsanas o "sistemas" (el calificativo de "sistemas" quizás no sea el más adecuado), consiste en que unos Darsanas no excluyen a otros, se consideran distintos "puntos de vista", todos correctos, cada uno desde la perspectiva que le corresponde: Los relativos y dualistas desde esa relatividad o dualidad y el considerado más elevado de todos, el advaita, desde la no-dualidad. En esto se diferencian sustancialmente los Darsanas de los sistemas filosóficos y de pensamiento de occidente, en que unos desmienten y descalifican a otros.
El sistema de los cuatro "asramas" forma (o formaba) parte de la vida social tradicional de la India, hay que considerarlos pues como desde una perspectiva relativa y dualista, pero eso no los invalida en modo alguno y son perfectamente compatibles con la más elevada visión de la no-dualidad, donde ya no es posible hacer distinciones porque estas carecen de realidad.
Esta "compatibilidad" de lo relativo con lo absoluto (de unas visiones con otras) es, quizás, una de la mayores grandezas de la tradición índica, a mi modesto criterio, y de lo que bien debería tomar nota la filosofía occidental, en que cada autor parece que pretendiera descubrirlo todo de nuevo.
La verdad puede que sea poliédrica y a ese criterio parecen responder los seis Darsanas, en su tolerancia de unos con otros. En un paisaje yo no velo lo mismo si lo contemplo desde la cima de la montaña, desde una vaguada o desde un pozo situado en el fondo más recóndito del valle… pero ¡el paisaje, no obstante, es siempre el mismo! Y las visiones obtenidas desde todas las posiciones todas correctas, aunque no sean igual de verdaderas.
Los cuatro asramas son un camino especialmente “diseñado” para facilitar al ser humano la progresiva toma de conciencia de la realidad, algo totalmente opuesto a la vida actual moderna, donde no existe más orientación que el dinero y el placer.
Un saludo.
Janaka

Fecha: 28/05/2009 13:55.


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Autor: Maria Luisa

La recuperación de la armonía no se encuentra en la estructuración lineal y ordenada. Orden y desorden son dos caras de la misma moneda.. la ley natural presenta lo siguiente..cuando una tendencia tira hacia un lado...la tendencia contraria tira hacia el otro.. no se puede erradicar el deseo por una voluntad de eliminación.. mientras más lo intentas, más apremia el deseo... eso no da ninguna paz... sino que produce deformaciones precisamente como las que observamos hoy en día en la sociedad... ya se ha visto cómo las estructuras, de la misma manera que se arman, llegan a su decadencia, incluso en la estructura social de la misma India, donde hoy en día se puede observar lo que digo.
La comprensión real va por otro camino.. un camino sin tiempo ni espacio, un camino que no avanza ni retrocede...otra perspectiva distinta a pretender establecer un dogma de vida... ya que la comprensión real no ocurre en forma progresiva, sino que es instantánea y sin causa...misteriosa para la mente estructuradora... se manifiesta en el bebé, en el adolescente, en el adulto, en el viejo, no tiene edad y es un derecho por el hecho de ser consciente... En la comprensión de lo real se ofrece la claridad de las cosas como son..eso es el equilibrio y la armonía verdadera que se muestran como una vida sana, pues cuando hay esta comprensión, la acción procede en consecuencia.

Fecha: 16/06/2009 20:45.


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Autor: Janaka

Cierto, María Luisa... Tú hablas desde la más alta comprensión del advaita. La intención de mi artículo (quizás no la reflejé bien), no era precisamente esa, sino exponer una doctrina tradicional que me parece interesante y que, con todas las limitaciones y relativismos que implica siempre una visión dualista, sería conveniente quizás, hoy en día, tratar de aproximarnos a ella. Esto, por supuesto, nunca podrá ser forzado, y menos aun en nuestros tiempos, pero sí podría ser una opción para algunos..., alternativa a esa que la propaganda de los intereses actuales trata por todos los medios de imbuirnos. Personalmente, desde hace un tiempo, trato de ajustar mi vida a ese esquema, con resultados bastante satisfactorios
Un saludo.

Fecha: 09/08/2009 13:43.


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